Había una vez una princesa muy
bonita y amable que de pronto no era tan bonita ni tan amable…
Lo que si es cierto es que con el
pasar de los años y con el deterioro de los valores en la sociedad ella
trataba, a veces de forma desesperada, de encajar, pero todas las noches soñaba
con cuentos de hadas y buscaba en la vida real a su príncipe azul, y siempre
que parecía que lo había encontrado la máscara se desgastaba y el príncipe se convertía
en el astuto y grotesco lobo feroz.
La princesa harta de su inocencia
y después de varias heridas se dio cuenta que seguir buscando seria inútil y
que en lugar de esperar el príncipe azul tan perfecto debía bajar sus
expectativas, así que se decidió por un príncipe educado, sincero, gracioso y
bueno definitivamente dejo de lado el hecho de que tal príncipe fuera agraciado
porque descubrió que si el personaje llegaba a tener esa característica no
buscaba una princesa más bien, buscaba un príncipe.
Sin embargo una parte de ella se
aferraba al cuento de hadas, que no podía más que ser un cuento de cristal, que
era frágil de romper, con una mirada, un gesto, un reproche o incluso una palabra lo tiraba, destruyendo
así los esfuerzos de la princesa quien termino por rendirse de la idea del
príncipe y empezó a buscar su felicidad con o sin compañía, deshecho su cuento
de cristal para convertirlo en los cimientos de un castillo donde ella
solamente reinaría y decidió que no tenía por qué ser como las otras princesas,
pero no por eso dejaría de ser una.
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