Y si, después de años de estar obsesionada con la boda perfecta, hoy, descubrí que no la necesito.
No necesito una boda para formar una familia, ni siquiera necesito hijos, solo quiero una persona que quiera tomar mi mano por el resto de su vida sin necesidad de posesión, necesito a alguien que lo haga por qué lo hago tan feliz como él a mí.
Alguien a quien le guste en mis mejores momentos, cuando despierto de buenas, con ganas de arreglarme y ponerme bella nadamas por qué si, pero que aún en mis peores momentos, esos en los que ni yo sé que me pasa y quiero ver arder el mundo, cuando no tenga la fuerza suficiente para salir de la cama y en lugar de reprocharme tome un lugar al lado mio y con paciencia de escucharme, un hombro donde llorar, brazos donde poder desahogarme, que me oiga sin juzgarme que no ponga resistencia al orden que le damos al cuarto, y aún con lo tedioso que resulte se siente a mi lado y ordené más de cien papeles que se han acumulado con los años, y que sea capaz también de expresarme lo que no le gusta, aquello en lo que eh fallado, porque seamos claros, tanto él como yo somos seres humanos y nos equivocamos mil veces.
Quiero irme a la cama todas las noches con la promesa no escrita de tener una noche tranquila, apasionada, abrazada a la persona que amo y me ama, que me lleva en su mente y en su corazón, que al despertar al día siguiente será la misma hasta el final de nuestros días, que estará confiado de compartir sus miedos, anhelos y esperanzas porqué sabrá que en mi puede encontrar apoyo y consuelo, así como lo eh encontrado en él.
Y por más utópico que pueda sonar, quiero que él quiera lo mismo que yo sin que yo tenga que pedírselo, se que aún no está a la venta el poder de leer mentes, pero aunque no lo crean, encontré a mi hombre perfecto y efectivamente no necesito anillo para sentirme atada a él y no por compromiso, por amor, lo que sea que venga después será bien recibido si estaré tomada de su mano.
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