lunes, 18 de julio de 2016

No me gustan los finales felices…

Hace algún tiempo hubiera disfrutado un buen final feliz, con los sueños de la protagonista hechos realidad, compartiendo la vida hasta el final con el amor de su ida, con el chingo de hijos que se supone disfruta.

Eso no es real, no sucede,  es muy difícil que como adultos disfrutemos las pequeñas cosas de la vida, los momentos, las emociones y las caricias sinceras. Todo lo que empieza irremediablemente acaba, para bien o para mal.


Poco hace la ilusión de un amor, es eso, una bonita ilusión que pocas veces es sincero, es real, si falla una de las dos partes, nada vuelve a ser lo mismo. 

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