Quiero llorar y no es por mí, no
es por ti, y la verdad es que no estoy
segura de porque sea.
Sé que
hoy el día fue regular, no fue
excelente, pero tampoco fue pésimo,
aunque no sucedió la gran cosa.
No estoy segura de nada, no sé muy bien cómo explicar estas ganas gigantes de llorar porque este coraje de
que ni una sola lagrima pueda salir
es increíblemente gigante.
Salí de la escuela y camine con
unos amigos, todo estaba bien, reíamos de la más absurda tontería, después fui
a comer con él, estaba esperándome y
platicamos un rato, no recuerdo exactamente que dije pero vi en
su rostro algo de molestia, sinceramente
me encontré en estado apático, así que
no quise discutir ni nada, me fui a recostar un poco y me abrazo,
hablamos de muchas cosas, dijimos muchas
verdades el uno al otro, discutimos algunas situaciones externas a nosotros y
no sé en qué momento perdí la atención a
sus palabras, pero el caso es que ya no lo escuchaba a él, ya estaba divagando en mi mente con una sola
idea, una idea que me
atormento por unos minutos, “si hubiera andado con ella, quizá no sería yo quien esté aquí en este momento, ¿qué tal si
la prefiere ?, ¿por qué la menciono?”
Luego de dar vueltas
y vueltas a esos pensamientos que no sé de donde salieron, me puse a
llorar, o cuando menos lo
intente, no sabía si me había escuchado
o quizá en una mágica acción metafísica había podido leer mi mente, pero
me abrazo, me abrazo fuerte y por
un momento lloré en silencio por la
incertidumbre ,por el temor de perderlo, me besó, y las
palabras que salieron de su boca
unos segundo después regresaron el latir a mi corazón, “te amo”-dijo
casi susurrándome al oído- me sentí tranquila, relajada, algo en mi se incendio, era mi corazón que metafóricamente volvía a latir, volvía a tener ese bonito ritmo que me regreso el alma.
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