Me gustan esas salidas sinceras,
en las que no hay intenciones ocultas, donde la sinceridad es el factor
predominante.
Era tarde y mi estado de ánimo
pasaba de enojada a profundamente molesta, pues la espera en una imprenta es
bastante tediosa, y si a eso le aumentas que los trabajos que te entregan están
mal hechos, agh, a eso habrá que sumarle
mi hambre y el sentimiento de extraña soledad; sin embargo, agradezco tu compañía,
no tenias por qué estar ahí pero aun así esperaste pacientemente, incluso más
que yo.
Saliendo de ahí, aun molesta por
el trabajo que me habían entregado, soportaste mi berrinche por el hambre y me
acompañaste a cumplir mi capricho de comida, haciendo a un lado la compañía extra
que llevabas; ya en el lugar y yo
contenta por mi comida, te sinceraste conmigo sobre lo que te molestaba,
lo que pensabas y lo que te dolía en ese momento.
Francamente me dolió tu dolor, me
molesto porque te vi como entregabas el corazón en esa relación que terminó por derrumbarte,
te quebró y debido a eso tengo un sentimiento de impotencia, por no lograr
hacerte sentir mejor como me gustaría, me encantaría verte sonreír, seguir
adelante sin importarte nada más y que dejaras de fingir ante el mundo que no
te duele su ausencia, pero no puedo mandar en tu corazón.
Cuando escuchaba tus palabras no pude
evitar sentir nostalgia por los recuerdos contigo, porque me hubiera gustado
con el alma ser el motivo de tu sonreír y ver ese brillo en tus ojos cuando
hablaras de mi, sin embargo eso no fue,
no paso y no pasará nunca, queda entre nosotros
una bonita amistad, eres un amigo que no cambio por nada, tenemos un apego estúpido
el uno del otro pues sabemos de antemano que nunca estaremos juntos pero
estamos seguros que cuando menos nuestra amistad es sincera y será fuerte.
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