jueves, 30 de junio de 2016

Siempre en la distancia

Me gustan esas salidas sinceras, en las que no hay intenciones ocultas, donde la sinceridad es el factor predominante.
Era tarde y mi estado de ánimo pasaba de enojada a profundamente molesta, pues la espera en una imprenta es bastante tediosa, y si a eso le aumentas que los trabajos que te entregan están mal  hechos, agh, a eso habrá que sumarle mi hambre y el sentimiento de extraña soledad; sin embargo, agradezco tu compañía, no tenias por qué estar ahí pero aun así esperaste pacientemente, incluso más que yo.
Saliendo de ahí, aun molesta por el trabajo que me habían entregado, soportaste mi berrinche por el hambre y me acompañaste a cumplir mi capricho de comida, haciendo a un lado la compañía extra que llevabas; ya en el lugar y yo  contenta por mi comida, te sinceraste conmigo sobre lo que te molestaba, lo que pensabas y lo que te dolía en ese momento.
Francamente me dolió tu dolor, me molesto porque te vi como entregabas el corazón  en esa relación que terminó por derrumbarte, te quebró y debido a eso tengo un sentimiento de impotencia, por no lograr hacerte sentir mejor como me gustaría, me encantaría verte sonreír, seguir adelante sin importarte nada más y que dejaras de fingir ante el mundo que no te duele su ausencia, pero no puedo mandar en tu corazón.

Cuando escuchaba tus palabras no pude evitar sentir nostalgia por los recuerdos contigo, porque me hubiera gustado con el alma ser el motivo de tu sonreír y ver ese brillo en tus ojos cuando hablaras de  mi, sin embargo eso no fue, no paso y no pasará  nunca, queda entre nosotros una bonita amistad, eres un amigo que no cambio por nada, tenemos un apego estúpido el uno del otro pues sabemos de antemano que nunca estaremos juntos pero estamos seguros que cuando menos nuestra amistad es sincera y será fuerte.

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